Sobre acción, reacción, revolución y vuelta otra vez.
Al contacto, ocurre en mi cerebro.Endorfina y Serotonina se liberan, buscan iniciar una reacción en cadena.Pero el sistema inmune las detecta, sabe perfectamente que hacer.Las persigue, las caza, una por una las destruye para que su mensaje caiga al olvido, pero esta vez son muchas, demasiadas ¿De dónde salió este ejercito? los inhibidores selectivos colapsan, la avalancha supera los muros. Las enfermedades llamadas felicidad y placer se toman el cerebro.
Surge de la nada, un mensaje casi instantáneo, por milésimas de segundo todo el cuerpo se paraliza, el mensaje ha sido enviado. Una onda de electricidad nueva recorre el cuerpo buscando quebrar el esquema regular ¿Un cortocircuito? el corazón se detiene por una millonésima de segundo, vuelve a latir, a ritmo nuevo, galopa, rápido, como un barco a toda vela sobre un mar tormentoso avanza. ¿Un apagón feroz? los pulmones no respiran, el oxigeno se acaba por medio segundo, luego la respiración es pesada, algo húmeda, fuerte, una tormenta intentado escapar por el pecho.
Uno a uno cada órgano del cuerpo lo siente, un mensaje olvidado hace tiempo, detonando desde la central llamada cerebro la peste que responde a felicidad y placer se propagan como el fuego. Cada pelo recibe el mensaje, cada poro de la piel entiende que ocurre, los músculos se tensan y relajan, comprenden la nueva dinámica que ha empezado… ¿Alguien puede detener a ese corazón? el aliento se vuelve torpe, así las respuestas de los sentidos, torpes pero intensificadas, el tacto revive de su languidez, siente como por primera vez en años, suavidad. El gusto haciendo su trabajo, el fruto es frutilla. El olfato se embriaga por el perfume que entra. Los ojos vuelven a ver en colores, radiantes y vivos, como si hubiesen estado sepultados.
El cuerpo cobra vida, Endorfina y Serotonina superaron toda barrera y ahora dominan todo desde lo más alto a lo más bajo, las sensaciones tras el primer minuto se calman, se controlan, el sistema entiende al fin el nuevo ritmo, ya no se embriaga, ya no es un exceso, ahora solo fluye y gota a gota se va convirtiendo en un gran rió, a veces caudaloso, otras tranquilo, puede cambiar pero siempre encausado.
Pero finalmente, algo ocurre, los revolucionarios que rompieron con lo establecido son ejecutados, la calma momentánea le da la oportunidad al sistema inmunológico de actuar, como si fuesen extranjeros en su propia tierra son fusilados, nuevamente la electricidad se apaga en el cuerpo y un nuevo mensaje es enviado… Un triste.
El corazón regresa a sus latidos eternos. Los pulmones respiran rítmicamente en un ciclo sin fin. Los sentidos se apagan, se aíslan, saben que lo que viene no es bueno. Los músculos vuelven a tensarse, necesitan prepararse para la embestida. No han pasado dos minutos y esta revuelta interna llega a su fin, recién ahora entiende que ocurre, se da cuenta que tuvo algo realmente hermoso pero ya se apagó, se fue, el consciente es muchísimo más lento que los procesos químicos, pero ahora sin ser de noche sin ser invierno, la melatonina cobra vida y adormece el cuerpo. El cerebro es consciente, sabe que vuelve un nuevo infierno y lo acepta. El sujeto apenas si puede aferrarse a un fugaz recuerdo… La felicidad y el placer son una enfermedad, cuyas secuelas son tristeza y vacío. El sujeto lo entiende.
El cuerpo se apaga, mas sigue viviendo para poder entender, que en apenas un minuto, todo cambio para luego volver a ser lo mismo… Y no queda más que arrepentimiento y la vaga esperanza, de que vuelva a ocurrir.
Fue apenas un minuto, el percutor duro apenas 20 segundos. La enfermedad incurable llamada vida cobra otra victima.

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